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Las reglas del juego

8 Ene

No entendí en absoluto la estrategia de programación que la TNT llevó este año con la tercera temporada de Leverage. Yo pensé allí a principios de septiembre que la temporada había acabado, quitando un especial de Navidad (del que lo único destacable fue la relación entre Hardison y Parker, aún sin entrar de nuevo en aquel beso) que sí sabía que había. Lo que no me imaginaba era que se iban a sacar de la manga dos capítulos, emitidos a mediados de diciembre en una misma noche como si de una película se tratase, que sirvieran para darle conclusión al arco argumental de la temporada.

Comentaba en aquella entrada que si bien durante la temporada regular habían más o menos entrado al pasado de los personajes, del de Hardison (a éste por lo menos le metieron la historia amorosa con Parker) y del de Eliot habían pasado completamente. Pues resulta que había un motivo para no meterse en las aventuras del cachas del grupo: era el golpe de efecto de la primera parte del especial, lo que le iba a dar ese toque de tensión y sensación de ser algo personal que los guionistas no consiguieron transmitir durante los episodios normales. Este primer episodio ha tenido escenas memorables pero raras en el contexto de la serie provocadas por la necesidad de Eliot de entrar en el lado oscuro de su vida. El tiroteo en el almacén, extraño en el sentido de que él evita coger un arma de fuego siempre que puede, es un ejemplo perfecto de cómo hacer una escena de acción decente con el presupuesto de una serie de cable. Más allá de estas dos cosas, el resto no fue muy destacable, y para variar la actuación de la Canalis fue una verdadera caquita.

Sin embargo, el segundo fue el mejor episodio desde el final de la primera temporada, aquel de los dos Davides. Sumergir al equipo en un ambiente hostil fuera del elemento en el que se sienten cómodos tanto en tema como en lugar fue una gran idea, parece que abrió la imaginación y la capacidad de escritura de los guionistas. Todo el manejo de la campaña electoral del opositor fue ágil y entretenido, la resolución final estuvo bien lograda y hasta volvió la capacidad de sorpresa que se había perdido desde la primera temporada, con todo el rollo de Sophie como mujer del candidato. Sin embargo, también tuvo sus defectos, y el principal es que más allá de resolver el arco de Moreau no aporta mucho más que el entretenimiento del momento. Supongo que por eso vino bien la idea de combinar los dos en un día, uno para darle el clímax a la poca evolución de los personajes que tiene esta serie y el otro en la resolución de lo que se supone que es el arco argumental.

Pero bueno, al final ha sido un cierre de temporada bastante sólido aunque inesperado, que consiguió dar lo que busca dar Leverage: entretener sin más pretensiones que las de pasar un buen rato sentado en el sofá siendo un Equipo A moderno.

Leverage: se acabó la tercera

7 Sep

Otro final de temporada para la saca, esta vez el de la terecera de Leverage el domingo pasado. Ya hablé de esta serie hace un par de semanas, comentando lo mucho que me había sorprendido un detalle de un capítulo determinado.

En general, la temporada ha estado bastante bien, en la línea de lo que es la serie en sí. Y me refiero a bien sabiendo cuales son las aspiraciones de la serie, y por supuesto no es el mismo bien que pueden llevarse Mad Men o Breaking Bad.

En este temporada hemos visto bastantes cosas. Hemos podido entrar un poco más en las vidas de los personajes, en las relaciones de Nathan y de Parker con sus padres y en el pasado de Sophie. Sin embargo, una vez más Hardison y Eliot se quedan sin profundizar, sirviendo muchas veces más como comic relief que otra cosa. Cierto es que la relación de estos dos es muy graciosa, pero podían también entrar en otros temas. Me gustaría ver las aventuras de Eliot alrededor del mundo, por ejemplo, que siempre que suelta las puyitas de lo que hizo por ahí deja a todo el mundo volado.

Y Parker, ¡oh, Parker!, que ha pasado de estar casi como secundaria o protagonizar los momentos más graciosos con sus idas de olla e inadaptación al mundo real. Me gusta como lo hace Beth Riesgraf, cuando pone las caras mezcla de “no tengo ni idea de lo que estás diciendo” y “me importa un carajo” es todo un solete. En esta tercera temporada le ha llegado la explosión de su personaje, y ya se empieza a convertir en una robaplanos.

Por otro lado, tenemos la historia de Daniel Moreau y de la Italiana, que sirven de arco argumental para darle algo de emoción a los finales de temporada de una serie de la que sabemos que es un procedimental puro. Realmente, si no hubieran metido esa historia tampoco la hubiera echado de menos, y parece que los guionistas tampoco, porque en casi ningún capítulo siquiera la nombran.

Y luego los capítulos en sí. Hubo de todo, unos decentes y otros menos decentes, pero más o menos mantenían el nivel general de toda la serie. Eso sí, no sé si será porque los guionistas están cada vez más vagos o es que ya lo voy yo pillando sus mecanismos y tal, pero las resoluciones finales cada vez me sorprenden menos.

Leverage, que es de las series más exitosas de la TNT, ya está renovada desde hace tiempo para una cuarta temporada. Veremos qué tal les va a estos Robin Hoodes modernos.

En las trincheras de la guerra que no fue guerra

2 Sep

Estos días estuve viendo una miniserie de la cadena TNT llamada The Company, basada en la novela homónima de Robert Littell y emitida en verano de 2007, que trata sobre los trabajos de espionaje y contraespionaje de la CIA durante la Guerra Fría vistos a través de los ojos de tres amigos recién graduados de Yale. Dos de ellos acabarán trabajando para los americanos y el tercero para la KGB. Son seis capitulos de 45 minutos, pero están condensados en tres de una hora y media.

Si te gusta este tipo de drama histórico, y teniendo en cuenta que la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría son mis periodos favoritos de la Historia, la miniserie te va a gustar como me gustó a mí. Y yo incluso diría que es una buena miniserie. Pero tiene un problema muy grande, y es el americanismo que está imbuído en todo. En todo este tipo de producciones es de esperar que algo haya, y supongo que no lo pueden evitar, pero es que a veces es ya exagerado. Y este es uno de estos casos.

Por supuesto, los comunistas son los malos malísimos que quieren que América tenga el mismo sistema de la Unión Soviética. La diferencia en esta miniserie con las típicas adaptaciones de esta época es que no lo hacen por ansias de poder o por joder, lo hacen por auténtico convencimiento ideológico, porque de verdad piensa que su ideología es la mejor para el bienestar del ser humano. Y claro, los americanos son los buenos buenísimos, y como héroe del país, tenemos a Jack McAuliffe (Chris O’Donnell). Su personaje es tan patriota y busca tanto el bien de los pueblos atrapados bajo el yugo soviético que llega a resultar repelente. En la CIA también está James Angleton, uno de los mejores analistas que hay, interpretado por un Michael Keaton que está muy bien en este papel. Con la calma en su voz y en sus gestos consigue transmitir muy bien el aspecto neurótico obsesivo de su personaje.

Otra de las cosas que me llamó la atención es que la miniserie tiende mucho a exonerar a la CIA de todas sus cagadas durante la Guerra Fría. En concreto, se nos presentan como escenarios la Berlín de la postguerra, la revolución húngara de 1956 y la invasión de Bahía Cochinos, aunque altamente ficcionalizados. En la realidad fueron eventos en los que la CIA dejó en la estacada a los movimientos implicados, y aquí también, pero la culpa es siempre o del Gobierno o de los topos del KGB, nunca de la mala planificación o de intentar más de lo que realmente se puede hacer con los medios que se tienen.

Pero bueno, en los aspectos positivos, la historia está muy bien y es muy coherente. Leí por ahí que puede llegar a ser demasiado complicada debido a todas las tramas que tiene, pero nada más lejos de la verdad. Hay tres tramas bien diferenciadas, la de la CIA, la de la búsqueda del topo y la del KGB. Esa búsqueda del topo que realmente está metida para darle emoción a un final que está escrito en los libros de texto de Historia.

Pero bueno, yo he quedado bastante contento al verla, y no tengo sensación de pérdida de tiempo. Si os gusta el tema y queréis echarle un ojo, yo creo que tampoco la tendréis.

El comentario del día

24 Ago

Leverage es de las series más entretenidas que hay ahora mismo en la televisión, y cada capítulo se me pasa en un suspiro. Pero lo que tiene es que todos los episodios, quitando quizás los finales de temporada, responden a un esquema muy determinado, véase: una persona les dice que alguien hizo algo malo, estudian al primo, lo enganchan, lo timan, pasa algo que no entra en los planes, lo solucionan, nos dicen como lo han hecho, y le dan el dinero a la persona del principio. Básicamente, eso es Leverage. Por eso me extrañó mucho el del domingo pasado, “The Rashomon Job”. Y si no lo habéis visto, a partir de ahora va a haber spoilers.

Este episodio es muy extraño porque rompe todo ese esquema a la que la serie nos tenía acostumbrados durante tres temporadas. Muchas series lo hacen alguna vez, y puede salirte bien o mal, pero en Leverage resultó ser uno de los mejores capítulos que han hecho. Lo que no es muy difícil tampoco, vaya, porque esta serie es entretenida, pero tampoco es que sea muy buena.

Bueno, ya sabéis como va. Resulta que viendo la tele, descubren que hace cinco años todos habían intentado robar una daga muy valiosa con muchas esmeraldas de un museo de Boston. Discuten mucho sobre ver quién la había conseguido robar al final, sólo para que Nate tenga que hacer de jurado sobre quien es el mejor criminal de todos después de escuchar las historias. Y la palabra clave para entender qué es lo que pasa al final del capítulo es “criminal”.

Y es que poco a poco, vamos viendo los intentos de cada uno por robar la daga, sólo para ver que el siguiente es el que torpedea al anterior, y al final ninguno consigue robarla, ya que el propio Nate descubre que ha sido vendida y lo que había en el museo es una falsificación. Resulta que la daga original está en manos del CEO de una empresa petrolera británica que acaba de provocar una marea negra en Estados Unidos. ¿Os suena de algo?

Y eso es quizá lo más sorprendente del capítulo, están llamando a BP directamente criminales, y que en una serie de estas características haya un comentario político, aunque sea relativamente sutil, es muy raro. Es, de calle, lo que más me ha sorprendido de un capítulo que se sale de todos los marcos.

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