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El viaje de los Botwin

16 Nov

Después de aquel grandísimo video de promoción que Showtime había hecho público allá por mayo/junio, muchos tuvimos la esperanza de que Weeds recuperara el espíritu y sobre todo la calidad de las tres primeras temporadas, ya que las dos siguientes pegaron un bajón bastante considerable.

Y aunque lo primero no lo ha conseguido (realmente tampoco lo ha buscado conseguir), lo segundo estuvo bastante cerca de lograrse. Esta sexta temporada, finalizada ayer, estuvo realmente bien.

La muerte de Pilar Zuazo a manos del mazo de croquet de Shane llevó a la familia Botwin a un nuevo mundo de persecución e incertidumbre, y lo que al principio parecía una caza del fugitivo resultó en un viaje sorpresa en varios planos.

El más obvio ha sido sin duda el recurrido de costa a costa por Estados Unidos. Desde México, pasando por Seattle, Montana y acabando en Detroit, el lugar natal de Nancy. Es la América que no se suele ver tan a menudo en series, que suelen estar llena de la grandeza de Nueva York, de la frivolidad de Los Angeles o del conservadurismo de Texas. Este viaje nos ha enseñado, a su manera, la vida de los musulmanes estadounidenses, el paletismo de la USA profunda o el decline de los grandes centros industriales, casi como si quisieran llamar la atención sobre lo que está mal en ese país.

Más allá de eso, el viaje físico sólo ha servido de marco para otro más íntimo, sobre todo en los compases finales de la temporada. La retrospectiva sobre el pasado de Nancy ha sido sutil, pero ha estado siempre muy presente. Y a su vez, ha tenido también otros dos niveles, que serían la adolescencia en el instituto y el trozo de su vida del cual trata la serie. El periodista sirve como herramienta para esto último, confesando la señora Botwin sus pecados ante la grabadora del investigador. Pero es lo primero lo que llama más la atención. A veces son pequeños detalles, como la conversación en la biblioteca con aquella compañera de clase de la que ni siquiera se acordaba a pesar de dejarla marcada para siempre; pero otras es un tortazo en la cara, y ahí tenemos a Warren Schiff, el profesor de matemáticas al que Nancy se folla, haciéndole perder el trabajo y dejándole locamente enamorado; o a el noviete de ella en el instituto, que resulta ser el padre biológico de Silas. Todo esto conforma un retrato de la Nancy adolescente que no le deja en buen lugar, más bien lo contrario: zorra manipuladora, mentirosa y egoísta.

La Nancy de ahora no ha cambiado mucho desde sus años en el instituto. Sin embargo, parece seguir atrapando a todo y a todos en su telaraña. A todos salvo a uno: Andy por fin ha reaccionado. En una de las escenas más memorables de la temporada, aquella de la parada de bus en el capítulo seis o siete, el hermano de Judah por fin le dice a Nancy que no use el sexo como herramienta para conseguir lo que quiere de él. Es el momento definitorio de la relación de estos dos a lo largo de toda la serie, y ha sido un momento perfecto, sin grandes fuegos artificiales pero igual de efectivo que si los hubiera.

Hemos conocido hoy la noticia de que Weeds probablemente terminará el año que viene con la séptima temporada. Si es tan buena como ésta, yo me doy por contento, y me despediré de los Botwin con la sensación de satisfacción que se merecen.

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