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Tres comedias, tres

6 Oct

En lo que a tele se refiere, es mucho más difícil hablar de comedias que de dramas, ya que el sentido del humor es como los culos: cada uno tiene el suyo. Además, los pilotos de sitcom suelen ser muy malos y no indican el verdadero potencial de una serie, sólo hay que revisionar los de 30 Rock o la primera temporada entera de Parks and Recreation para ver que hay que darles tiempo para poder juzgarlas. Ahora que ya llevamos vistos dos, tres o cuatro capítulos de casi todos los nuevos estrenos se puede dar ya una opinión preliminar, que es posible que cambie con el tiempo según su progresión, o falta de.

La peor

En este año tan sumamente flojo en lo que a comedias nuevas se refiere, la decisión de cuál es la peor de todas es una bastante difícil de tomar. Hay muchas candidatas, como Whitney o la hoy cancelada Free Agents, pero para mí la palma se la lleva 2 Broke Girls.

Veamos: tenemos a dos chicas, una de las cuales es un pez fuera del agua, que trabajan en un restaurante muy chusco y viven con un caballo. Aderezado con chistes más malos que un político ejerciendo de político a un ritmo de cuarenta por minuto de los que igual sólo funciona uno; y rodeadas de tres estereotipos raciales (un ruso, un chino y un negro) que sólo sirven para soltar punchlines como si no hubiera mañana. Añádele unos decorados todo lo cutres que te puedas imaginar y unas actuaciones dignas de una obra teatral de patio de colegio en la que sólo se salva Kat Dennings y tienes una seria candidata para robarle el título de sitcom más mierda del siglo XXI a Shit My Dad Says.

La mejor

El gran dilema: ¿New Girl o Suburgatory? Aunque las dos son buenas, para mí y aunque no por mucho, la mejor es Suburgatory.

La exageración de las urbanizaciones de las afueras de las ciudades, llenas de plástico, Red Bull sin azúcar y SUV’s, junto a los chistes inteligentes y a unos personajes principales que a pesar de estar rodeados de gilipollas que provocan vergüenza ajena caen bien, hacen de Suburgatory una serie muy divertida, quizá no de carcajada pura y dura, pero si de estar flipando todo el rato al ver las reacciones de Tessa y de su padre a las extrañezas que hacen sus vecinos. Quizá el único punto débil sea el motivo por el que se mudaron allí: una caja de condones en el cajón de Tessa es un argumento bastante peregrino.

La incógnita

Mucho se pone a parir a Up All Night, y ahora mismo con bastante razón. Los grandes nombres que lleva detrás deberían dar para una serie mucho mejor de lo que es, y sin embargo, dependiendo qué camino decida tomar le veo potencial.

Up All Night en realidad son dos series en una. Está la comedia familiar, protagonizada por Christina Applegate y Will Arnett, y la comedia de lugar de trabajo, starring Maya Rudolph. Incluso los responsables del show lo reconocen implícitamente, y si no fijaos en la foto promocional de arriba. El problema que tiene Up All Night es que la primera funciona: Chris y Reagan cuando están juntos son adorables y Arnett está bastante controlado, lo que contrasta con Ava, el personaje de Maya Rudolph, que está totalmente pasada de rosca llegando a ser insoportable. Si son capaces de rebajar esa segunda sitcom dentro de la sitcom, es posible que a partir de los capítulos del back nine tengamos una serie que podría llegar a ser buena.

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La gran mentira del Playboy

22 Sep

Sinceramente, después de leer las críticas de la prensa especializada estadounidense sobre el piloto de The Playboy Club, estaba pensando que iba a ser peor que hacer ver a un tío la temporada completa de Shit My Dad Says el día en que se murieron su mujer y sus hijos. Una vez más, es cuestión más de expectativas que de verdadera calidad, pero no me ha parecido tan mala como la pintan. Pasa por poco el aprobado raspado, sí, pero tampoco es ese cero patatero que se ha leído por ahí. ¿Y por qué? Porque ha capturado perfectamente la esencia de la revista.

La revista Playboy siempre se tomó como uno de los iconos de los cambios sociales de finales de los 50 y década de los 60, época en la que por un lado la mujer se empezaba a liberar de las cadenas del patriarcado y poco a poco iba encontrando su sitio en las jerarquías de poder de las sociedades más avanzadas, proceso que aún no ha terminado; y por el otro, el sexo empezaba a dejar de ser ese irrompible tabú pasando a verse como algo más natural. O al menos esa es la visión tradicional. Yo tengo otra: sí, muestra la liberación sexual de la época, pero lo hace bajo una óptica de superioridad masculina y siempre bajo la permisividad del patriarcado tradicional.

The Playboy Club representa muy bien esta última teoría. La serie empieza con un monólogo de introducción en el que un sucedáneo de Hugh Hefner nos cuenta que cualquier cosa le podía pasar a any-bunny (!), y termina con otro diciéndonos que básicamente, ellas eran las únicas mujeres de ese tiempo que podían ser y hacer lo que quisieran, vendiéndonos un cuento de liberación y de feminismo y de cómo Playboy ha colaborado en ello. Pero lo que se nos cuenta y lo que nos enseñan en los 42 minutos de serie son cosas muy diferentes.

Vemos como una de las conejitas dice escandalizada que gana más dinero que su padre, pero luego le da el dinero a su marido. Vemos como otra usa la inteligencia para doblegar a su jefe y conseguirse un puesto mejor en el club, pero lo hace llamando a Hef. Y también vemos como a absolutamente todas se les hace piscina el potorro nada más nombrar a Nick Dalton, que sale en casi todas las escenas y en las que no sale se le nombra, en uno de los recursos guionísticos de piloto que más odio. Se supone que The Playboy Club es un drama sobre las mujeres, pero al final todo gira en torno a un hombre, al igual que Playboy se supone que libera a la mujer, pero al final la cosa va de poner cachondo al tío que la va a comprar.

El gran problema es que dudo que lo hayan hecho a propósito. Teniendo en cuenta la implicación de Playboy Inc. en el proyecto, realmente creo que Chad Hodge y compañía iban a contarnos la historia oficial y les ha salido la otra, lo que da una idea de hasta qué punto el piloto está mal enfocado. Si no eres capaz de transmitir la idea original y acabas con otra totalmente diferente, apaga y vámonos. Y si además a ello le sumas unos actores bastante maliños (Amber Heard estará más buena que el jamón de Jabugo, pero es sosa como ella sóla; odio a Eddie Cibrian, que ya no es que tenga un personaje clavado a Don Draper, es que le ha copiado hasta el acento, tono y entonación a Jon Hamm, cerrando los ojos es imposible distinguirlos; y el personaje de Laura Benanti, Carol-Lynne, está muy pasado de rosca) y unos diálogos un poco chuscos, ya la cosa tiene poco futuro. Y tras ver las audiencias, el mínimo que tenía se ha disipado.

Es una pena, porque es una serie que a nivel de trama resulta atrayente. Al final la historia que se nos cuenta, que realmente es la que salva al piloto, es la de los intentos de un abogado con aspiraciones por salir de la Mafia sin éxito, metiéndose de paso en un embrollo criminal del quince. Si a eso le sumamos unos más que buenos valores de producción y ambientación y la pasta que lleva detrás, si se hubiera elegido otra dirección la NBC tendría una serie muy interesante en las manos, en vez de algo que veremos si pasa del tercer capítulo.

¿Qué voy a ver en la temporada 2011/2012?

12 Sep

Como viene siendo habitual en los últimos años, el estreno de la nueva temporada de Sons of Anarchy da el pistoletazo avanzado de salida al curso televisivo estadounidense, aunque el plato gordo no llegue hasta dentro de un par de semanas. Así que va siendo hora de confeccionar el calendario de lo que voy a ver, o al menos empezar a ver, el año que viene. En total, y contando sólo lo que empieza de septiembre a noviembre, salen 48 series a la semana, y eso sin sumar las de otros países ni las que vaya viendo por culpa de las buenas críticas que se les den por la blogosfera. Ni añadir todas las que empiezan en midseason (que me llaman mucho más que las de temporada regular, la verdad), como Smash, Are You There, Vodka? It’s Me, Chelsea o Awake. Pero bueno, enumeremos las de ahora:

Nuevos estrenos:

The Playboy Club (NBC, 19 de septiembre)

Pan Am (ABC, 25 de septiembre)

Suburgatory (ABC, 28 de septiembre)

Homeland (Showtime, 2 de octubre)

American Horror Story (FX, 5 de octubre)

Hell on Wheels (AMC, 6 de noviembre)

Le echaremos un ojo:

New Girl (FOX, 20 de septiembre pero con preair ya rulando)

Free Agents US (NBC, 21 de septiembre)

Whitney (NBC, 22 de septiembre)

Person of Interest (CBS, 22 de septiembre)

Terra Nova (FOX, 26 de septiembre)

Man Up (ABC, 18 de octubre)

2 Broke Girls (CBS, 19 de octubre)

Grimm (NBC, 21 de octubre)

Once Upon a Time (ABC, 23 de octubre)

Allen Gregory (FOX, 30 de octubre)

Nuevas temporadas:

Sons of Anarchy (FX, 6 de septiembre)

Parenthood (NBC, 13 de septiembre)

It’s Always Sunny in Philadelphia (FX, 15 de septiembre)

Archer (FX, 15 de septiembre)

How I Met Your Mother (CBS, 19 de septiembre)

Glee (FOX, 20 de septiembre)

Raising Hope (FOX, 20 de septiembre)

The Middle (ABC, 21 de septiembre)

Modern Family (ABC, 21 de septiembre)

Blue Mountain State (Spike, 21 de septiembre)

The Big Bang Theory (CBS, 22 de septiembre)

Community (NBC, 22 de septiembre)

Parks and Recreation (NBC, 22 de septiembre)

The Office (NBC, 22 de septiembre)

The Mentalist (CBS, 22 de septiembre)

Nikita (CW, 23 de septiembre)

Fringe (FOX, 23 de septiembre)

The Simpsons (FOX, 25 de septiembre)

Family Guy (FOX, 25 de septiembre)

The Good Wife (CBS, 25 de septiembre)

Boardwalk Empire (HBO, 25 de septiembre)

American Dad! (FOX, 25 de septiembre)

The Cleveland Show (FOX, 25 de septiembre)

Being Erica (CBC, 26 de septiembre)

Dexter (Showtime, 2 de octubre)

Hung (HBO, 2 de octubre)

How To Make It In America (HBO, 2 de octubre)

House (FOX,3 de octubre)

The League (FX, 6 de octubre)

Bored to Death (HBO, 10 de octubre)

The Walking Dead (AMC, 16 de octubre)

Chuck (NBC, 21 de octubre)

Abandono:

Hawaii Five-O (CBS, 19 de septiembre)

Series Minardi: Y nadie se volvió a acordar de ellas (o casi).

31 Ago

¿Os acordaís de la escudería Minardi de Fórmula 1? Minardi estuvo 20 años dando el callo en la máxima competición de la FIA, y quien sabe un poco de de F1 la adoraba, tanto por su encantador cutrerío y falta de medios como por su papel fundamental: formar pilotos que luego saltarían a mejores escuderías para convertirse en grandes del automovilismo. Por Minardi pasaron los Alonso, Webber, Fisichella, Trulli, Verstappen, Alboreto, Zanardi, de Cesaris… Pero a la hora de la verdad, cuando había que demostrar las cosas en la pista, era el farolillo rojo de casi cada campeonato en el que compitió.

En el mundo televisivo también existen las series Minardi. Son las series que en su momento consiguieron una gran aclamación en la crítica especializada, pero que a la hora de medir audiencias normalmente se llevaban el farolillo rojo de la noche, y por tanto, cancelación al canto. En ese momento, la poca gente que las vio las olvida casi para siempre, y en la historia de la televisión no serán más que una nota a pie de página, y eso con muchísima suerte. A todo el mundo se le ocurrirán bastantes ejemplos de estas, pero he decido seleccionar diez que creo que representan mejor que ninguna otra lo que es ser una serie Minardi, sin ningún orden concreto.

The Comeback

The Comeback fue el primer papel de Lisa Kudrow después de Friends, y nada más y nada menos que para HBO, que a pesar de su más que probada solvencia en el drama, es una cadena que en comedia no destaca tanto. Y se ve que los espectadores lo saben, porque a pesar de que esta descorazonadora sátira del proceso de grabación de realities sí que es bastante buena, ya directamente pasaron de darle una oportunidad, y después de una temporada de 13 episodios fue cancelada sin piedad. Y la crítica, aunque al principio estuvo bastante dividida sobre su calidad, al final acabó por aceptarla y ha terminado por convertirse poco a poco en una serie de culto que sigue sin llegar al público, ni al seriéfilo ni al general.

Freaks and Geeks

Esta comedia adolescente es otra serie de culto a la que en el momento no se le hizo ni puto caso, de hecho sólo aguantó 12 episodios en la NBC en la temporada 99-2000, aunque había 18 grabados. Y sin embargo, la crítica la adoró y la adora, hasta el punto de que la revista Time la metió en su lista de los 100 mejores programas de la historia. Como véis en la foto, también fue el pistoletazo de salida de actores que luego se convertirían en tremendamente conocidos, como Jason Segel o James Franco. Ah, y era de nada más y nada menos que de Paul Feig y Judd Apatow…

Party Down

Este es el caso paradigmático de serie Minardi. En su último capítulo, emitido hace algo más de un año, hizo un 0.0 de rating y sólo 74.000 espectadores, que en Estados Unidos, si me apuras, es una cifra que casi se puede considerar como margen de error estadístico. Eso, y que Jane Lynch se fuera a Glee y Adam Scott a Parks & Recreation, selló su destino. Sin embargo, el patetismo de este grupo de actores que mientras buscaban trabajo de lo suyo tenían que currar en una empresa de catering que quedaba en evidencia frente al histrionismo de las personas que les contrataban para sus fiestas acabó por convencer a la crítica, sobre todo en su segunda y última temporada.

Rubicon

A nosotros los seriéfilos nos dolió mucho su cancelación y siempre nos acordaremos de ella, sí. Pero pregunta por ahí a alguien que vea series habitualmente pero que no esté tan metido en el mundillo, y no tendrá ni idea de lo que es Rubicon. Fue el primer fracaso de AMC y la primera cancelación en su época de revientamonopolios HBOenses, y sin embargo cada opinión, entrada de blog y artículo la ponía por las nubes. Y con toda la razón del mundo.

Better Off Ted

La historia de Better Off Ted es bastante curiosa. Cuando debutó ni dios le hizo ni puto caso, hasta el punto de que hubo episodios que tuvieron menos de 2 millones de espectadores, en un país de 300 millones de habitantes. Si para la CW eso ya es un fracaso total, imaginaros para la ABC. Normalmente eso significaría la retirada inmediata de la parrilla, pero llegaron los upfronts del final de la temporada 2008-2009 y milagro, fue renovada para una segunda temporada. Por supuesto, no aguantó, y al 11º capítulo estaba retirada de la parrilla, y se pudo terminar de ver gracias a que se emitió completa en Australia.

Pero a pesar de ser un flop de los grandes en lo que a ratings se refiere, Better Off Ted era una comedia divertidísima, y el S01E04, “Racial Sensitivity”, es uno de los mejores episodios que recuerdo en una comedia desde Arrested Development. Y qué decir de esos falsos anuncios cargados de sarcasmo que se sacaban de la manga en cada episodio, pequeñas joyas en sí mismas.

Terriers

La primera de las cancelaciónes de este año de FX, Terriers es una serie que viéndola semana a semana parece irregular en su calidad, con unas tramas totalmente deslavazadas hasta el punto de que fue considerada una especie de procedimental raro. Pero llegas a los últimos dos o tres episodios y de repente las piezas empiezan a caer en su lugar hasta llegar a un gran final muy emocionante y sobre todo abierto aunque satisfactorio. Una temporadita de 13 episodios que saben a poco para nosotros, pero a demasiado para las audiencias estadounidenses.

Lights Out

La segunda y para mí más dolorosa de las cancelaciones de FX de este año, Lights Out era la historia de Patrick Leary, un boxeador retirado que ante unos problemas económicos acuciantes se ve obligado a volver al ring a pesar de la oposición de su familia. Hubiera funcionado y funciona perfectamente como miniserie, lo que es perfecto teniendo en cuenta que una vez más las audiencias no acompañaron. No es una de las grandes series de la historia, pero sí lo suficiente como para ser uno de los mejores estrenos de la temporada que acaba de terminar, lo que hará aún más dolorosa su inevitable caída en el olvido colectivo.

Kings

Kings es una de esas series increíblemente extrañas que se sacan las networks de la manga cada cierto periodo de tiempo, en este caso la NBC en 2009. Teóricamente, era la adaptación de la historia bíblica del rey David a los tiempos modernos, en un reino ficticio que era como los Estados Unidos actuales, pero bajo una monarquía absolutista que se pasa la vida en guerra con los países vecinos. Fue el primer papel de Ian McShane en televisión después de Deadwood, y cómo no, lo clava.

Siempre se dijo de ella que debería estar en cable y no en network, y yo pienso que efectivamente, así debería de haber sido. Ni el tratamiento de la trama ni los temas subyacentes eran para las grandes masas, y las audiencias se encargaron de demostrarlo: una temporada y al tacho. Una pena, porque era realmente interesante.

Studio 60 on the Sunset Strip

Ya sólo que el nombre de Aaron Sorkin aparezca en los títulos de crédito es una grantía para saber que estás ante una serie muy buena. Y Studio 60 on the Sunset Strip lo es, aunque al final de la temporada y en plena lucha por subir unas audiencias que habían caído en picado considerablemente desde el estreno y que llevo a la NBC a meterla en un hiato de tres meses, se le fue un poco la olla. Los tres episodios de “K&R”, aunque buenos por sí mismos, no pegaban ni con cola con el resto de la serie. Aún así, con las cifras en la mano y con la crisis de la cadena del pavo, hoy en día se hubiera considerado su renovación, pero hace cinco años, y por mucho que doliera, era una cancelación de libro.

Lucky Louie

Ahora mismo Louie C.K. es un respetado cómico con una comedia que es de las mejores que se han visto en muchísimo tiempo, pero por algún lado tuvo que empezar en televisión, y lo hizo en Lucky Louie, su primera serie, para HBO en 2006. Parecía un programa cutre y roñoso, con pocos decorados y pocos personajes, pero era más que suficiente, ya que su gran baza era el guión, un guión constantemente gracioso a la vez que deprimente en el que se empezaba a intuír la grandiosidad que estamos viendo ahora en Louie. Fue cancelada después de una temporada de 13 episodios, de los que sólo se emitieron 12, y aún nadie sabe muy bien el por qué.

La mejoría de The Event

26 Abr

Me imagino que a estas alturas seré el único matado que sigue viendo The Event. Y es normal, porque después de esa tanda de capítulos que se marcó antes de que la mandaran a hacerse un hiato, yo también hubiera seguido el mismo camino si no fuera por mi masoquismo seriéfilo. Y sin embargo, al final resulta que igual no hice tan mal al continuar dándole oportunidades.

No me malinterpretéis, la serie continúa teniendo una cantidad de problemas bastante importante. Los actores que ya eran malos siguen siendo igual de malos y sigue habiendo algunas situaciones y tramas que aunque las cojas con pinzas resbalan más que un consolador recién usado en una pista de curling. Pero aunque no lo creáis, el cambio de showrunner y el parón para reformular el show le han venido muy bien.

Lo que más salta a la vista al enfrentarse a la nueva y mejorada The Event es la eliminación de los flashbacks lostianos. Este recurso tiene un problema muy evidente: si no se sabe usar bien corta completamente el ritmo de la narración y descoloca al espectador. Precisamente esto era lo que le pasaba a la serie de la NBC, y era de lo que también sufría, sin ir más lejos, FlashForward. Aquí estaban totalmente metidos con calzador, lo que combinado con la sensación de estancamiento argumental constante equivale a lo más temido a la hora de ver una serie: aburrimiento mortal.

Los guionistas también lo saben, y se han puesto manos a la obra para solucionar ese “pequeño” problema. Así que han pasado de seguir dándole más y más capítulos (nueve fueron más que suficientes) a la pareja más insoportable de la temporada televisiva 2010/2011, Sean y Leila, corriendo como pollos sin cabeza a lo largo y ancho de Estados Unidos, cerrando de paso toda la trama de la organización secreta, y luego los han separado. Una cosa que puede parecer una chorrada elemental, pero que ha cambiado por completo el paradigma de la serie, que ha pasado de combinar una narración omnisciente (Martínez vs. Sophia vs. Thomas) y otra subjetiva (Sean y Leila), a ser completamente omnisciente. Y el saber qué está tramando todo el mundo ha permitido mejorar muchísimo el ritmo y ha conseguido darle un interés inusitado a la historia.

La definición de personajes y el cambio de obejtivos de alguno de ellos también ha tenido un impacto bastante profundo en la serie. Separar a Sean y Leila, por ejemplo, han pasado de ser gilipollas profundos a gilipollas ligeramente soportables, pero no son los únicos que han cambiado. Martínez y Sophia son quizá el ejemplo más claro, que para darle alas a la trama han pasado de diplomáticos buscando una solución a guerreros casi sin escrúpulos. Blake, quien para poder seguir dándole el contrapunto al Presidente ha tenido justamente la evolución contraria a él, también destaca bastante en este sentido si bien su proceso de reconversión ha sido mucho más forzado que el de los demás. Además, no se han cortado un pelo a la hora de matar personajes que no servían para mucho y meter algunos nuevos, y parece que esa tendencia no va a decaer en un futuro cercano.

El resultado de todos estos cambios es una The Event nueva y mejorada, que ha pasado de basarse en recortes y refritos de las grandes y no tan grandes series del género a algo parecido a tener un mínimo de personalidad propia, y una historia que está en un punto bastante interesante. Incluso me da cierta pena que no vaya a tener una segunda temporada para continuar esa evolución. Pero a pesar de todo, el problema principal es insuperable: es demasiado tarde. Hace tiempo que todo el mundo la dio por perdida.

Y las luces se apagaron

10 Feb

El último episodio de una serie casi siempre da para montar mil y una polémicas a su alrededor, más que nada porque es difícil que deje contento a todo el mundo. Mirad el final de Lost o el de The Sopranos, que aún siguen trayendo cola casi uno y cuatro años después. Sin embargo, estoy más que seguro de que Friday Night Lights va a ser la excepción a esa regla. No hay absolutamente nada que reprochar a su series finale, dicho de una manera simple y llana ha sido espectacularmente perfecto.

Lo primero de todo: ha sido un final feliz. Y menos mal, después de todo lo que hemos sufrido con estos personajes. Jason Katims ha sabido conseguir darles a todos una resolución que, sin parecer forzada, deja un gran sabor de boca al espectador.

Empecemos por el final. Miedo me dió cuando cortaron la jugada clave de los últimos segundos de la final en la que se dilucidaría si los Lions ganarían State. No podía ser de otra forma en esta serie, que ha visto cómo tantos partidos de los Lions y de los Panthers se ganaban en los compases finales con un pase milagroso. Aún así, me sorprendí a mi vismo pensando “¡Por favor, por favor!, ¡venga, Lions!”. No recuerdo ver otra serie en la que se me haya pasado una cosa así por la cabeza, y es que el nivel de implicación del espectador que consigue Friday Night Lights es impresionante. Ya no sólo por tener unas historias totalmente creíbles (vamos a olvidarnos de que existió la temporada 2, igual que nos olvidamos de que Twin Peaks no se acabó cuando supimos quién mató a Laura Palmer), si no cómo están dibujados e interpretados los personajes. Absolutamente todos los actores y actrices consiguen transmitir unos sentimientos y unas experiencias como no se consigue en cualquier otra serie. Por eso, cuando ocho meses después enfocaron a la mano de un Vince que ya era el QB de los Super-Panthers y vimos cómo había un anillo reluciente en su dedo, me fue inevitable esbozar una sonrisa. Por un lado por ellos, por Vince, Luke, Jess y compañía, pero por otro porque -menos mal- no estábamos ante otro Sopranazo.

Fue agradable tener un epílogo, algo que fuera más allá de la simple resolución de tramas y diera al espectador algo de lo que los estadounidenses llaman closure, ese momento de cierre y reconciliación con una situación difícil y/o estresante. Vale, es el final de una serie y no el fin del mundo, pero es una serie que lleva cinco años en antena y con la que es extremadamente fácil formar lazos emocionales, ella misma se presta a ello. Y poder echar un vistazo al futuro de los personajes, y ver a una Jess a la que parece que le va bien en Dallas, a un Luke yéndose al Ejército, a los Riggins construyendo la casa de Tim o, cómo no, a los Taylor felices y contentos en Philadelphia, ha sido un magnífico colofón final.

Ah, los Taylor. Vaya trabajo de Connie Briton y Kyle Chandler, no sé a que coño esperan para darles a estos dos todos los premios del mundo sólo por esa escena en el centro comercial. Fue agradable ver cómo la relación de Eric con su hija no sólo se basa en enseñar, sino también en aprender de ella. Si no fuera por la lección que les dió a Matt y Julie sobre el matrimonio, sobre la extrema importancia de escuchar a tu pareja y de llegar a compromisos, no hubiera caído en que estaba siendo demasiado egoísta y cabezón, y que esta vez era efectivamente el momento de Tami. Ella le hace ver la hipocresía de decirle eso a los niños sin cumplirlo él mismo en la puerta del restaurante, y él que no es tonto acaba tomando la decisión correcta en el momento correcto. Al fin y al cabo, con los Lions desmantelados y con Vince por fin enderezado ya no le quedaba mucho más en Dillon.

La boda de Julie y Sarracen es quizá un poco inesperada, vale, y estoy de acuerdo con Coach y Mrs. Coach en que es demasiado pronto, sobre todo después de todo lo que hizo ella para escaquearse de la universidad en lo que fue sin duda la peor trama de la temporada. Sin embargo, todos sabíamos desde el principio de la serie que iban a acabar juntos. Sólo quedaba por ver el grado de implicación de los dos en la relación, que al final fue la máxima posible. Si se piensa bien, realmente no deja de ser un poco el cliché del pringadete y la chica guapa, pero el menos superficial y mejor escrito del mundo. Desde los problemas que le causa a Matt ese sentimiento de abandono continuo o la relación del QB1 con Coach Taylor, tan llena de baches y tantas malas situaciones como buenas, hasta esa escapada que se pega el chaval a Chicago, todo han sido enormes momentos, enormes diálogos y enormes emociones.

Pero la familia Taylor no fue la única que tuvo grandes momentos en este finale. Los Riggins estuvieron muy a la par, y Tim el primero. A pesar de no haber terminado con Tyra, el final de esta pareja no podía haber sido mejor. Él sabe que ella tiene grandes planes para el futuro, y al igual que hizo con Lyla, no quiere retenerla. Por eso, a pesar de que reconocen que se tienen un gran cariño, deciden que simplemente, ahora no es el momento. Esto contrasta con la resolución de la relación entre Tim y Billy. A pesar de que el hermano mayor cumpliera esa promesa de enderezar su vida cuando 33 entró en la cárcel, el pequeño de los Riggins no fue capaz de ver en él ese verdadero acto de contrición y arrepentimiento que nosotros sí hemos visto a lo largo de la temporada. Y estaba claro que hasta que no consiguiera darse cuenta de ello no iba a haber un perdón real para su hermano. Esa escena en el terrenito de Tim, con los dos construyendo la casa y ese “Texas forever” nos muestra que ese momento finalmente había llegado. Por otro lado, la matriarca de los Riggins, Mindy, tiene que despedirse de una Becky, que por fin se reconcilia con Luke y además puede una vez más irse a vivir con su madre; y que aunque llame hermana a la mujer de Billy, ella siempre será su madre adoptiva.

Terminamos con Jess y Vince. Fue agradable ver cómo ella también tenía un anillo, aunque esté lejos de dónde lo ganó (y con todo el derecho del mundo a él, por cierto). Esa distancia pone en juego el futuro de la relación que al final sí consiguen solucionar, estando él en Dillon y ella en Dallas, pero al menos ambos acaban haciendo lo que más les gusta, el fútbol americano. El padre de Vince desaparece de la película, pero no antes sin poder ver a su hijo jugando el partido de su vida gracias a, cómo no, Coach Taylor.

Como veis, un final bastante completo y muy elaborado. Por supuesto, la última escena fue la que todos teníamos en mente, las luces del campo apagándose, justo después de que Coach Taylor enuncie por última vez su ya mítico “Clear eyes, full hearts…” y que nadie le responda, señalando que tiene un grupo nuevo de chavales a los que enseñarles lo que es la vida y ejercer una vez más ese influjo paternal que hemos visto a lo largo de estas cinco temporadas. Pero como yo no soy uno de esos chavales… Can’t lose!

Especial Superbowl XLV (y IV): Las reglas del fútbol americano explicadas por Friday Night Lights

6 Feb

(Este domingo 6 de febrero se disputa el partido más esperado del año, la Superbowl XLV, que una vez más dirimirá el campeón final de la NFL enfrentando al campeón de la Conferencia Nacional, los Green Bay Packers, con los de la Conferencia Americana, los Pittsburgh Steelers. Esa noche Estados Unidos se para completamente, así que para no ser menos y crear algo de ambientillo, pararé yo también las actualizaciones normales y haré este especial. Espero que os guste y… Go, You Packers!)

Siendo el fútbol americano la religión no oficial de los Estados Unidos, el que se haya hecho más de una y más de dos series sobre este deporte es más que inevitable. De todas las que se han emitido (Blue Mountain State, Playmakers, The League, The Game, Coach…) quizá la más familiar para los seriéfilos de este lado del charco sea Friday Night Lights.

Y aunque para la mayoría de los europeos ver un partido de fútbol americano es como ver a dos manadas de mamuts con casco embistiéndose unos contra otros mientras intentan llevar un balón ovalado al final del campo, en realidad es un juego con unas reglas muy complicadas y un componente estratégico abrumador. Así que aprovechando que Friday Night Lights está a un sólo capítulo de acabar para siempre y que es la Superbowl, ¿por qué no combinar las dos cosas para ahondar un poco en él y explicar las reglas básicas? Al fin y al cabo, ver el partido del año sin tener ni puta idea del reglamento puede ser bastante desconcertante, ¿no? Y que conste que antes de ver FNL yo no tenía ni zorra de fútbol americano, así que espero poder hacer lo mismo por vosotros que lo que esta serie hizo por mí.

El campo

Un campo de fútbol americano mide 120 yardas de largo por 53.3 de ancho, lo que en cristiano equivale a 109.7 por 48.8 metros. De esas 120 yardas, 100 son el campo de juego real, y están marcadas por líneas cada 5 y números cada 10, que cuentan la distancia hasta la “goal line” que divide esas 100 yardas de las otras 20, que son las correspondientes a las llamadas “end zones”, 10 por cada lado.

Al final de cada “end zone” está el “goalpost”, o sea, la portería gigante en forma de U, que mide desde el suelo a la barra horizontal 10 pies, o 3.05 metros.

En esta foto, Coach Taylor y Buddy Garrity contemplan el campo de los Dillon Panthers. Podemos ver el goalpost a la izquierda al final de la end zone, que está pintada de azul Panther. A la altura de la cabeza del entrenador y un poco a la derecha se puede ver la línea de 5 yardas y la marca de 10 yardas.

Los equipos

En un partido cualquiera se enfrentan dos equipos, que ponen en el campo a 11 jugadores. Sin embargo, la plantilla de un equipo de la NFL se compone de 45 jugadores, que se dividen en ataque, defensa y Special Teams. La función de los dos primeros es autoexplicativa, la de la tercera la veremos después.

Dentro del ataque hay varias posiciones. Está la línea ofensiva, que son los que se están encarando directamente a los jugadores del equipo contrario (como Tinker en los Lions) para proteger al famoso quarterback, que es el que organiza la jugada que el entrenador principal le manda ejecutar y por tanto el líder del ataque. Es la posición estrella y la más importante de todo el equipo pero también la que tiene más presión encima, por eso no es casualidad que Jason Street, Matt Sarracen y Vince Howard sean QB. Detrás de él están los running backs, que son los que normalmente corren con el balón (Smash Williams, Tim Riggins, Luke Cafferty), y a los lados de la línea de ataque están los wide receivers (Hastings) que se encargan de recibir los pases largos del QB. Y luego están los tight ends (Buddy Garrity Jr.), que son una especie de híbrido entre un miembro de la línea ofensiva y los WR, pudiendo asumir cualquiera de sus funciones.

En la defensa sólo hay tres posiciones básicas, que corresponde con las tres líneas en las que se colocan los jugadores. La línea defensiva es la primera, inmediatamente detrás se sitúan los linebackers y cierran la defensa los defensive backs. Aquí tenéis un esquema bastante cutre de las posiciones, en el que los Lions están en defensa en una Nickel formation y los contrarios en el ataque en una I-formation, porque no, los jugadores no se ponen donde les cuadra; hay estrategias y jugadas planeadas para todo tipo de situaciones a partir de un conjunto de formaciones iniciales. Podéis ver una lista de las más básicas por aquí.

En una jugada normal, la línea ofensiva de un equipo y la defensiva de otro se enfrentan cara a cara en lo que se conoce como línea de scrimmage, que se sitúa justo donde cayó el balón al suelo en la acción inmediatamente anterior. En ella, hasta que el árbitro pite para dar comienzo a la jugada sólo pueden moverse para atrás, nunca para adelante superando la línea recta que tiene que formar con sus compañeros. Las otras posiciones andan revoloteando por ahí, pero siempre por detrás de la línea de su equipo. He aquí un ejemplo de una línea de scrimmage, con los Lions en el ataque.

Y luego están los llamados Special Teams. Esta sección del equipo se dedica a las jugadas que en nuestro fútbol se llamarían a balón parado; pero es que en el suyo realmente a balón parado lo son todas, así que no sé cómo definirlas exactamente. Me refiero a los field goals y las conversiones, y a los kickoffs de inicio de partido y de después de un touchdown. Hay varias posiciones básicas aquí: el punter, que es el que da los punts; el kicker, que es el que intenta los field goals (Landry era el kicker de los Panthers); el holder, que es el que le sujeta el balón a éste para que le pegue la patada; el long snapper, que es el que pasa el balón al holder o al punter dependiendo del tipo de jugada y los receivers, que son los que reciben los punts y echan a correr para adelante esperando conseguir una buena posición inicial en el campo. En esta foto se ve a Landry capitaneando al Special Teams de los Lions y a punto de patear un field goal en el mítico partido contra los Panthers.

Por supuesto, en cualquiera de las tres secciones estas posiciones se dividen en otras más especializadas, pero estas son las básicas para comprender la labor de un jugador cualquiera. Y, además todos tienen sus suplentes. Por ejemplo, el primer equipo serían los first strings, y el segundo equipo de suplentes serían los second strings y los del tercero third strings. Al quarterback del first string se le denomina QB1, de ahí el apodo de Matt Sarracen.

En cuanto a los dorsales, cada posición tiene un rango de números a los que se deben restringir los jugadores a la hora de escogerlos, permitiendo así la fácil identificación de la posición y función de cada persona, tanto para el público como para el resto de participantes en el partido. Son los siguientes:

  • 1–19: Quarterbacks, punters y kickers
  • 20–49: Running backs y defensive backs
  • 50–79: Jugadores de las líneas ofensiva y defensiva
  • 10-19, 80–89: Wide receivers
  • 40-49, 80-89: Tight ends
  • 50-59, 90-99: Linebackers y jugadores de la línea de defensa

Fijaros en los dorsales de esta foto promocional de la primera temporada. Jason Street y Matt Sarracen (QB1 y QB2 en los primeros momentos de la serie) llevan el 6 y el 7 respectivamente, como les corresponde a los quarterbacks. Smash Williams y Tim Riggins llevan el 20 y el 33 porque ambos son running backs. Estas dos posiciones son las más espectaculares en el fútbol americano. La excepción a esta regla en la serie es Landry, que a pesar de ser un kicker llevaba el 85 en los Panthers y el 21 en los Lions, cuando le correspondería un dorsal del 1 al 19.

En esta foto de la plantilla de los Lions se ve como Vince lleva el 5 como QB, Cafferty el 44 como RB, Buddy Garrity Jr. el 42 como TE, Tinker el 79 como parte de la línea ofensiva y Hastings al ser WR viste el 88.

Estructura de un partido

Después del himno nacional y esas chorradas patrióticas, los tres capitanes de cada equipo, uno de cada sección, se reúnen en el centro del campo con el árbitro, que viste la mítica camiseta de rayas blancas y negras que para nosotros es la de un empleado cualquiera del Foot Locker, para lanzar una moneda al aire. El equipo de casa elige cara o cruz, y el que gana puede elegir campo (empiezan en defensa), balón (empiezan en ataque) o darle la elección al contrario. La diferencia con el fútbol europeo es que esto se hace también después del descanso. Un ejemplo de todo esto lo tenemos cuando Mrs. Coach se dedicó a putear a los Panthers de JD McCoy al hacer la elección de honor en el lanzamiento de moneda.

Cuando ya se tiene todo decidido, la sección de Special Teams del equipo que comienza en la defensa da inicio al partido con el kickoff desde la línea propia de 30 yardas, que es recogido por el ataque en el retorno. Se puede conseguir un touchdown de esta manera, pero es muy raro de ver, y lo normal es que plaquen al receptor. En el sitio en el que se quede el balón es donde empieza el juego normal. Aquí tenéis la primera jugada de la historia para los East Dillon Lions de Coach Taylor, empezando ellos en el ataque. Se ve como el kicker de los verdes patea el balón para que Vince lo reciba y eche a correr hasta que es derribado.

Un partido dura cuatro cuartos de 15 minutos con un descanso de 12 al final del segundo y otros de un par de minutos al final del resto. Hay kickoff al principio del primero y del tercero (y por supuesto, después de cada touchdown y field goal), mientras que al volver al segundo y al último la posición del balón es la misma en la que acabó en el anterior. Si al final del tiempo reglamentario las dos escuadras terminan empatadas hay una prórroga de un máximo de 15 minutos, que se termina automáticamente cuando cualquiera de los dos equipos puntúa, siendo una suerte de Gol de Oro. La excepción en la NFL está en los playoffs, ya que si se puntúa con un field goal en la primera posesión del tiempo extra, el equipo contrario tiene derecho a empatar o mejorar lo que han hecho en una única posesión.

El avance del tiempo es una mezcla de reloj parado y corrido. El tiempo corre en todo momento salvo que haya un pase incompleto, lo que significa que el receptor no ha sido capaz de coger el balón y éste ha caído al suelo, cuando el jugador que lleva el balón se sale del campo y por supuesto, en los tiempos muertos (cada equipo tiene tres por cada mitad de juego).

El avance del balón

Cuando el receptor del balón es placado durante el retorno del kickoff, empieza ya el juego normal. Durante su drive (una posesión), cada equipo tiene cuatro oportunidades para conseguir avanzar 10 yardas o más en dirección a la end zone contraria. Cada una de esas oportunidades es conocida como down. Se lleva la cuenta de las yardas recorridas o perdidas en cada intento, de ahí las marcas en el campo. Cuando escuchéis cosas como “1st and 10”, “2nd and 4” o “3rd and long”, se refieren al down en el que se está y al número de yardas restantes para superar las 10 en total. El long es cuando quedan muchas más de 10 yardas, habiendo perdido terreno el ataque.

Antes de comenzar un down, normalmente hay lo que se llama huddle, que es la mítica reunión del equipo en el campo, donde el QB comunica al resto la jugada que los entrenadores hayan ordenado ejecutar. Hay una excepción, que es cuando queda poco tiempo y el equipo atacante está detrás en el marcador, algo que le pasa mucho a Coach Taylor. Cuando pasa eso, normalmente el banquillo ordena un no-huddle. En estos casos el equipo o ya sabe la jugada que toca de antemano o repite la anterior. Veamos un huddle de los Lions:

Cuando se desbanda el huddle, comienza el down. Se abre con el snap, que es cuando el jugador que está en el centro de la línea de ataque le pasa el balón al quarterback tras recibir la orden de éste (¡azul 26, azul 26, hut, hut, hut!). Éste tiene sólo un par de opciones, correr o pasar. Dentro del pase hay que distinguir dos tipos: el forward pass, es decir, hacia adelante, del que sólo se permite un por jugada, y el pase hacia los lados o hacia atrás, de los se pueden hacer todos los que se quieran. La cosa se acaba cuando el balón cae al suelo o se marcha del campo, cuando el atacante que lleva el balón es placado o se sale del terreno de juego, o cuando se marcan puntos. Si el equipo a la ofensiva recorre con éxito esas 10 yardas, entonces consigue un first down y se vuelve a empezar el conteo. Si no lo logran la posesión pasa al equipo contrario.

Además de esa, hay otras maneras por las que la defensa puede recuperar el balón. La más obvia es cuando le marcan puntos, pero también puede intentar coger el balón cuando va por el aire (una intercepción) o cuando se le cae a un atacante (fumble). Luego está el punt, que es cuando el atacante se ve en el 4th down sin posibilidades reales de conseguir el objetivo de las 10 yardas, e intentarlo podría llevar a tener peligrosamente cerca de su propia end zone al otro equipo, así que hace lo que en soccer se llamaría patadón p’alante. Por último está el safety, que veremos en un momento. En el siguiente vídeo, Luke Cafferty en la defensa de los Lions consigue una intercepción y echa a correr como alma que lleva el diablo.

A continuación, Vince le da una hostia en los brazos al QB del otro equipo, consiguiendo que se le caiga el balón, y por lo tanto se produce un fumble que es ganado por los Lions.

Sistema de puntuación

Hay cuatro formas de conseguir puntos en el marcador. La más fácil es el field goal, que vale tres puntos y es cuando en una jugada normal, se patea el balón para que pase por la U. La más típica es conseguir llevar el balón a la end zone del contrario, lo que se conoce como un touchdown, y que equivale a 6 puntos. Inmediatamente después, el equipo que ha conseguido puntuar llevará a cabo un try, que puede ser el extra point, que como el nombre indica vale por un sólo punto y lo juega la sección de Special Teams, o una conversión, que sería volver a intentar llevar el balón a la end zone en una jugada normal planteada por la sección de ataque, y que vale 2 puntos. En el siguiente vídeo tenéis un ejemplo de los Panthers consiguiendo un touchdown y una conversión para ganar el partido.

Y aquí, los Special Teams de los Lions consiguen un field goal.

Aunque parezca extraño y se vea más bien poco, la defensa también puede conseguir llevar puntos al marcador. Simplemente tiene que lograr que el ataque contrario pierda tanto terreno que tenga que llevar el balón a su propia end zone, en lo que se conoce como un safety. Son dos puntos. No recuerdo que se haya dado uno en Friday Night Lights, y la verdad es que es bastante raro de ver.

Faltas y sanciones

En un partido de fútbol americano hay siempre nada más y nada menos que siete árbitros en el terreno de juego, cada uno con sus funciones determinadas. Los más importantes son el referee, que es el principal, el que supervisa a los demás, y es el único que va con una gorra blanca, los demás la llevan negra. Luego está el umpire, que en la NFL se sitúa detrás de los running backs supervisando los bloqueos de los que no tienen el balón. El head linesman se centra en la línea de scrimmage, y los otros cuatro ayudan a éste.

Cuando cualquiera de los siete ve una falta lanza un pañuelo amarillo al aire lo más cerca posible de donde se produjo. Si el down se está jugando, se termina, y si la falta es de la defensa y el ataque no tuvo éxito, se repite, se avanza la posición unas cuantas yardas o se le da directamente un first down. Si es del ataque, se retrasa la posición inicial o incluso se le hace perder la posesión.

Hay muchos tipos de faltas, pero las que más se suelen ver es la de placar al quarterback cuando ya no tiene el balón, ir a placar a un jugador con la cabeza y no con los brazos o el pecho, ir a placar por debajo de la cintura del contrario, placar a un receptor de un pase antes de que tenga el balón y perder el tiempo innecesariamente. Tenéis una lista completa aquí, con la sanción correspondiente incluída.

Veamos un ejemplo: a Vince se le va la olla y placa a un tío porque sí, así que se monta una tangana y empiezan a volar los pañuelos amarillos y con ellos las sanciones, por las que Coach Taylor protesta al referee.

Y bueno, básicamente eso es todo lo necesario para tener una idea más o menos aproximada de lo que puede pasar en el campo durante la Superbowl de esta noche. Esperemos que sea un buen partido y podamos disfrutarlo sin problemas.

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