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El inexplicable suceso de la casa de los Crawley

20 Feb

Aprovechando que Antena 3 está promocionando Downton Abbey, mi snobismo televisivo se dijo a sí mismo que no podía ser que una serie de la que se habla tan bien en el círculo blogueril seriéfilo sea emitida en España sin que yo la haya visto antes. Así que aprovechando que después de exámenes tengo unos días libres, me dispuse a comprobar si era capaz de cumplir las expectativas que la blogosfera en general había elevado tanto.

Desde luego, Downton Abbey es una serie superior a la media, y un más que agradable soplo de aire fresco entre toda la morralla televisiva que estamos teniendo que aguantar esta temporada (bueno, es un decir, que nadie me pone una pistola en la cabeza para que vea nada, vosotros ya me entendéis), pero sin embargo, mis expectativas no se cumplen del todo. Y el mayor problema no lo tengo ni con los personajes ni con el desarrollo de la historia, sino con un punto en concreto en el capítulo tres (y no sigáis leyendo si no la habéis visto aún) que además es el detonante de bastantes tramas que vienen en los siguientes episodios: la muerte del joven turco durante esa noche de pasión en la habitación de Lady Mary.

Para empezar, es un ejemplo de lo que se podría llamar Deus Ex Machina inverso, el que en vez de resolver la trama la embarulla aún más, y eso en una peli de acción tipo Die Hard vale, pero en una serie que hasta el momento estaba siendo tan buena me cortó muchísimo el rollo. Seguro que había formas mucho más fáciles de conseguir que la noticia de esa velada de lujuria entre la aristócrata y el diplomático saltara a la palestra sin tener que recurrir a ésta, que pareció tan forzada y artificial. El tema es que al ser un hecho central en la trama de la serie, este defecto tan grande estuvo siempre planeando sobre el resto de los episodios y no me permitió disfrutarlos como es debido. Y es una pena, porque es casi la única cosa que empaña una producción tan cuidada y de tanta calidad como Downton Abbey.

La gran baza a favor de esta serie de la ITV es la capacidad de lidiar con veinte personajes, procedentes tanto de la aristocracia como del servicio, sin parecer que está superpoblada ni agobiar al espectador con cuarenta tramas a la vez que no hubieran cabido ni aunque un elefante se sentara encima. Y además, hacerlos a todos lo suficientemente interesantes y con unos rasgos propios muy bien definidos. Por ejemplo, la cocinera Mrs. Patmore. Sí, ella tiene un ligerísimo arco argumental, pero no se llega a saber en ningún momento nada de su pasado a través de la historia. Es ella, a través de su manera de hablar y sobre todo de su acento, la que transmite cosas como su lugar de origen, Manchester, o la clase social de su familia, que evidentemente es baja. La única pega que tienen los personajes es que los que son buenos son muy buenos, solidarios, fieles, comprensivos y todas las virtudes que se les asocia a una buena persona, pero los malos son muy pero que muy cabrones. No hay termino medio ni claroscuros, en Downton todo es tan blanco y negro como las libreas de los criados.

Ahora, no se puede hablar de personajes sin mencionar a dos en concreto: Bates y la Condesa Madre. Aunque provengan de diferentes mundos, estos dos tienen algo en común: un actor y una actriz de lo mejorcito que he visto en lo que va de año. Dice Sepinwall que la ceja derecha de Maggie Smith podría actuar mejor que todo el elenco combinado de las series de la CW, y no le falta razón. Qué mujer más grande, y qué gran personaje le han dado. Esa mezcla de ignorancia tecnológica (por cierto, punto a favor para la serie por saber utilizar perfectamente los avances tecnológicos de la era en una doble función, situación temporal y alivio cómico), resistencia al cambio, clasismo y típico sarcasmo inglés aliñada con un punto escondido de bondad es una combinación explosiva. Y Brendan Coyle, como el recién llegado valet del Conde de Grantham, sabe transmitir perfectamente esa calma exterior que realmente esconde un cabreo enorme con O’Brien y Thomas y un dolor profundo por los hechos de su pasado.

Ya véis, Downton Abbey sí es una buena serie, aunque acaso está un pelín sobrevalorada. Si no fuera por el turco hubiera ganado muchos puntos más en mi escala personal. Lo que no quita que cuando estrenen la segunda temporada a finales de este año esté al pie del cañon con el uTorrent preparado para la descarga, claro.

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