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El retrato de una ciudad

23 Ago

Ya me he terminado The Wire. Me ha enganchado tanto que en dos semanas me he comido sin descanso sus sesenta capítulos repartidos a lo largo de cinco temporadas. Para mí es la serie perfecta, y la cuarta temporada está entre las mejores horas de televisión que he visto nunca. Eso sí, hay que decir que en la quinta temporada, si bien no desentona con el resto de la serie, se les va un poco la olla con algunos detalles, véase Lester y McNulty falsificando escenas del crimen o Omar tirándose desde un sexto o séptimo piso y no tener un rasguño.

Lejos de mi intención analizar ahora The Wire, más que nada porque para hacerlo de una manera decente se necesitarían escribir libros y libros y libros. Todas las lecturas que tiene, todos los detalles en los personajes, todas sus enseñanzas… La profundidad que tiene esta serie simplemente abruma. Aún así, sí quiero decir algunas cosas por encima.

Pienso que una de las principales ideas que se pueden sacar de The Wire es que nunca nada es igual, pero siempre es todo lo mismo. El cambio real no existe. Y hay un personaje, que es Carcetti, y dos momentos en concreto, que son los finales de la segunda y quinta temporada, en los que esta premisa es especialmente destacada. Pero no es la únca idea detrás de esta serie, por ejemplo, el paralelismo entre la guerra de Iraq y la tercera temporada es bastante evidente, y el nombre del capítulo final de esa temporada, “Mission Accomplished”, como el discurso famoso de Bush, refuerza esa teoría.

Por otro lado, no se puede hablar de The Wire sin hablar de Baltimore, que en realidad es la gran protagonista. Me hubiera gustado ver una sexta temporada en la que se retratara un poco la vida cultural de la ciudad, pero aún así, a lo largo de sus cinco temporadas nos enseña las entrañas de sus instituciones y de sus órganos de gobierno, y la verdad es que no deja a ninguna en buen lugar. La corrupción está muy presente, e imponer el bien propio por encima del común es el pan de cada día. Aún así, siempre hay algún personaje que es capaz de darnos la esperanza de cambio, para verse al final torpedeado por las circunstancias o directamente por sus jefes. Ejemplos de ello son Frank Sobotka en el puerto, Gus en el Baltimore Sun, Daniels y Colvin en la policía o incluso Carcetti en el Ayuntamiento o Stringer Bell en el “game”.

Uno de los grandes puntos fuertes de esta serie (y eso teniendo en cuenta que no tiene ninguno débil) está en sus personajes secundarios. Todos, incluso los que apenas aparecen unos pocos segundos por capítulo, están perfectamente definidos. Norman, el asesor de Carcetti, es el ejemplo perfecto. Tenía muy pocas frases, pero en esas pocas frases nos describían a un tío listo con mucho sentido del humor y un uso fino del sarcasmo. Y es imposible hablar de secundarios y no mencionar a Clay Davis y su “sheeeeeeeeeeeeee-it”. La voz de Isiah Whitlock Jr. es simplemente especial.

Y hablando de “sheee-it”. Es raro ver en alguna serie actual el uso de catchphrases, pero en The Wire salen constantemente. Entre el “Happy now, bitch?” de Bunk, el “What the fuck did I do?” de McNulty o el “Indeed” de Omar, por poner algunos ejemplo, tenemos un repertorio bastante curioso que cuando salen no desentonan nada con lo que está pasando, están ahí por una razón y no por estar.

Me imagino que a lo largo de este blog iré hablando de más aspectos y de personajes en concreto, porque ya digo, da para mucho, pero ya voy diciendo que mi personaje favorito es Omar. Sus motivaciones, sus idas de olla (la escena de la corbata en el juicio es genial) y su forma de ser lo hacen especial.

Una vez dicho todo esto, ahora mismo sólo me queda decir que si no habéis visto The Wire aún, no sé a que estáis esperando, sinceramente.

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All in the game

15 Ago

Cuando te ponen una serie o una peli por las nubes por lo buena que es, muchas veces la ves y dices: “no es para tanto”. Esperaba que me pasara algo así con The Wire, pero no, esta serie se merece todos los cumplidos y más aún. Ayer por la noche termine la primera temporada y ha sido una de las mejores que he visto en mi vida.

A pesar de no ser una serie hiperconocida fuera del mundillo seriéfilo, ¿qué se puede decir de The Wire que no se haya dicho ya?

En el 4º episodio de esta temporada, hay una escena que resume perfectamente la esencia de lo que es una serie de David Simon, de su mítico “Fuck the average viewer”. Se ve a Bunk Moreland y a Jimmy McNulty en una cocina donde se produjo un asesinato hace bastante tiempo, que aún estaba sin resolver. Llegan allí, y empiezan a hacer su trabajo, descubriendo que todo el escaso trabajo de los detectives que se encargaban antes del caso era incorrecto. Sin embargo, la única palabra que dicen -y repiten- en toda la escena, que dura como 3 minutos, es “fuck” y derivados. ¿Y cómo se sabe que efectivamente es eso lo que está pasando? Pues por dos cosas, el trabajo de cámara, las entonaciones al decir los multiples “fucks” y los gestos de Wendell Pierce y de Dominic West.

Los personajes, sus relaciones, sus motivaciones y sus evoluciones están muy bien retratadas. Mención especial para cinco personajes: el propio McNulty, Cedric Daniels, D’Angelo Barksfield, Wallace y Omar. Tampoco quiero meter espoilers, pero decir de este último que cuando va silbando por la calle acojona a cualquiera, se sabe que algo malo va está a punto de pasar. Que el que señale a estos cinco no quiere decir que el resto no sean buenos, de hecho el trabajo actorial de todos es simplemente perfecto.

Evidentemente, no conozco personalmente Baltimore, y menos los mundillos de la policía o de las drogas en sus barrios bajos, pero tiene pinta de ser hiperrealista a la hora de retratarlo. Ahora entiendo por qué siempre se dice que la ciudad es un personaje más de la historia.

Sinceramente, tampoco quería hablar mucho de esta serie porque lo hago muy tarde, y no tengo mucho más que añadir a lo que todo el mundo ha dicho. Me quedan 4 temporadas por ver, y estoy superenganchado, deseando a ver que me depara David Simon, así que ¡no me la jodáis en los comentarios, por favor!

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