Un retrato de Portland

27 Ene

A lo largo de los siglos XVII y XVIII se puso de moda el personificar a un estado a través de una figura femenina. Así, aunque algunas ya habían nacido antes, figuras como Britannia, Germania, Helvetia o Hispania representaron el espíritu nacional de cada país a lo largo y ancho de Europa y el mundo.

Imitándolas, en 1985 se instaló Portlandia, alegoría de Portland, Oregón. Es una mujer con un tridente que se agacha para recibir a los visitantes, y quiere representar la hospitalidad de la ciudad, que en teoría dio a un movimiento cultural con bastantes influencias hippies. El problema es que Portland se quedó anclada en el tiempo en medio de esa ola intelectual surgida en los 90. O al menos eso nos cuenta Portlandia, la nueva serie de producción propia de IFC.

El primer capítulo de Portlandia empezó bien. Una actuación musical bastante graciosa que me recordó mucho a un capítulo cualquiera de Flight of the Conchords y que además sirvió para presentarnos el hilo conductor de todos los sketches, que es el ridículo a esa cultura retro que según ellos predomina en su ciudad. Después una cabecera muy decente, con un aire bastante huracanado a la de How to Make It in America. Hasta el momento, todo correcto.

Pero después… el horror. Un sketch alargado partido en tres por otras bromas varias, y durante los 20 minutos que duró el episodio el único que fue capaz de sacarme una sonrisa fue Steve Buscemi. Eso ya lo dice todo. La serie está llena de chistes bastante extraños y situaciones un poco gilipollas, como unos tíos jugando a una liga amateur de escondite en una librería o el propio sketch del prota de Boardwalk Empire, en el que unos hippies que no tienen cambio no le dejan irse hasta que no pague con el dinero justo.

Además, los protagonistas y guionistas, que son Fred Armisen (ex-Saturday Night Live) y la cantante Carrie Brownstein me han dejado muy frío. No son nada expresivos, e incluso parece que siempre sueltan los chistes con el mismo tono cambiando simplemente la voz para intentar reflejar el personaje del que estén haciendo en ese momento.

Pero quizá el mayor problema sea yo, y no la serie. Como ya dije alguna vez por aquí yo nací un año después de la aparición de esa estatua, en 1986; así que la década de los noventa para mí significó Dragon Ball, tazos, clases interminables y bajar a la calle a jugar a algo con mis amigos. Soy demasiado joven para recordar las modas que marcaron esa época, y ahora si ahora echo la vista atrás y las miro desde la distancia, probablemente las hubiera odiado bastante. Quizá por ese motivo no soy capaz de encontrar algo con lo que identificarme en este programa de sketches. Eso y que su target está bastante centrado en los ciudadanos de Portland, claro.

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