El puñetazo que lo cambió todo

15 Ene

No sabía de la existencia de Lights Out hasta hace algo más una semana, y para mí eso ya es un indicador bastante grande de la poca expectación y expectativas que estaba generando este estreno. Sin embargo, nunca había visto una serie de boxeo, y viendo que se emite en FX, que últimamente está siendo bastante solvente, pues me animé a echarle un vistazo. Hice bien.

Si os digo la verdad, la serie no me estaba pareciendo nada del otro mundo. Viendo el resto de opiniones de la teleblogosfera ya empieza a ser un tópico decir que Lights Out está llena de tópicos, pero es que es cierto. Boxeador exitoso que tiene que decidir entre su familia o su carrera, una hija pija y malcriada, otra estudiosa y con la cabeza en su sitio y otra que aún una niña pequeña, tortura mental por el que él considera robo de su última pelea, problemas económicos al ir perdiendo progresivamente el aura de grandeza que se había ganado durante sus años como púgil… Todo eso está presente en esta serie, y son cosas mil veces vistas.

Sin embargo, estaba mostrando detalles que prometían. Por ejemplo, la presentación de los personajes principales fue bastante buena. Directa y al grano, en dos escenas y menos de diez minutos lo tenían ya superada. O la épica del combate contra Reynolds, que está bastante conseguida, transmite muy bien la importancia y tensión que rodeó a la pelea, además de lo que se estaba jugando Lights en el plano familiar. Sin embargo, esos toques de calidad no eran suficientes para mantenerme pegado a la pantalla, para hacer que me interesara realmente por lo que le pasara a los protagonistas.

Pero después de ir ganando momento casi sin darme cuenta, de repente llegó la escena que lo cambió todo. Y si no habéis visto el episodio, os recomiendo encarecidamente que dejéis de leer ahora mismo. La cosa empieza con una frase que Lights le suelta a su hija, que parafraseada dice que las personas sólo mienten para esconderse a sí mismos. Termina esa charla, y llama a su hermano y manager, para decirle que nunca más va a hacer de matón para mafiosos. E inmediatamente después, pasamos a él soñando con la pelea contra el tío del bar, que se intercala con otra charla con la hija pequeña, que también está entrecortada por escenas de la pelea que le costó el título y de la misión que le mandó el mafioso, mientras el boxeador le dice a su retoño que no hay nada que no haría por mantenerla segura. Ese momento resume perfectamente al personaje principal, Patrick “Lights” Leary, bastante bien interpretado por Holt McCallany. Y fue en ese momento cuando la serie me dejó KO y me ganó completamente.

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