Perro ladrador… ¡patada en los cojones!

7 Dic

Se me van acumulando las entradas en época de exámenes, pero habrá que aprovechar la noticia de que FX cancela definitivamente Terriers para dedicarle un pequeño panegírico a su única y bastante pasable temporada.

La decisión de los jerifaltes de la cadena no sorprende en absoluto, y realmente sólo era cuestión de tiempo el que se hiciera oficial. Está claro que una serie que hace una media de 500000 espectadores no puede sobrevivir en un mercado potencial de 350000000 millones de personas, por mucho que sea en cable. Ahora, ¿de quien es la culpa de esto? ¿De los responsables de la serie por no saberla habido definir desde un principio qué iban a hacer con ella (esto lo comenté cuando ví el piloto, de hecho) o de los responsables de FX por no saber promocionarla correctamente? Nunca lo sabremos.

Pero bueno, ahora ya no se le puede hacer nada. Así que vamos a lo que importa, la serie en sí. La verdad, empecé viéndola con buenos sentimientos, pero los primeros capítulos, que que en apariencia tomaron la vía procedimental, me habían dejado indiferente. Sí, buenos diálogos, buenos personajes y buenos actores, pero la historia no fue muy interesante.

Hasta que llegas a lo bueno, sobre la mitad de la temporada. Cuando la historia, sin llegar a ser tan bestia como Damages, se empieza a liar ella sóla en un encaje de bolillos para irse deshaciendo poco a poco, justo cuando te empiezas a dar cuenta de que el aspecto que tú creías procedimental del principio igual no lo era tanto, y que esas tramas a priori un poco intrascendentes tienen una importancia enorme en en el desarrollo de la historia principal de la temporada.

Y vaya historia de temporada. La lucha de Britt y Hank por destapar a los especuladores asesinos es grandiosa, a pesar de estar mil veces contada. La manera en la que la fueron descubriendo, lentos pero seguros, le dio bastante emoción a la serie. Como muestra, el capítulo de la boda de Gretchen, en la que la periodista Laura Ross aparece en el juego y en el que nos hacen estar al borde del sofá a ver si la van a matar o no.

Sin ninguna duda, Mark Gustafson, el ex-compañero de Hank, es para mí el mejor personaje de Terriers. La evolución que se marca desde que lo vemos al principio de la serie, hostil a los protas y con ese sustititivo del cigarrillo en la boca, hasta llegar a jugarse el cuello por ellos mientras se fuma un pitillo en el porche al final ha sido muy sutil, sin grandes aspavientos ni fuegos artificiales, y sin embargo, ha sido la más profunda, significativa y mejor llevada. En una palabra, excelente.

Pero bueno, se nos acabó Terriers. Y tiene pinta de que la voy a echar de menos, de que dentro de unos años la tendré idealizada (si no la vuelvo a ver antes, claro). Eso sí, su memoria vivirá en mi iPod con la mejor canción de cabecera de… iba a decir televisión actual, pero ya no es televisión actual.

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