Laughing to death

15 Nov

¡Qué corta se me ha hecho esta temporada de Bored to Death! Igual ha sido porque es que realmente ha sido corta, sólo ocho capítulitos de nada. Es una pena que no hubieran hecho los trece de rigor, porque yo realmente los hubiera disfrutado.

Y es que se ha notado una clara mejoría desde la primera temporada, cuando aún era una serie rara y algo mala para los estándares HBO; para ser ahora una serie rara, pero más graciosa y con un tono aún surrealista, que quizá ya se acerque más a los estándares previamente mencionados.

El aspecto en el que sin duda más se ha mejorado es el balance entre los personajes. La temporada pasada se sabía que estaban ahí Ray y George, pero sólo salía en pantalla poco más que cuando Jonathan necesitaba algo de ellos. En esta, tuvieron tramas propias: intentar volver con Leah y todo el proceso que conlleva y Super Ray para el primero, y la historia del cáncer y la nueva dirección de la revista para el segundo. Por su lado, Jonathan tuvo sus clases y su pique con John Hodgman además de sus casos, que fueron perdiendo peso con cada capítulo. Lo bueno fue que no fueron realmente tan aislados como en su año de debut, volvimos a ver a algunos de los personajes que los protagonizaban en capítulos subsiguientes. Ahí tenéis al ejemplo del policía, que sale incluso sale en otros dos a parte del de su caso, o a Vikram, que se convierte en chófer de George.

Una de las cosas más interesante de la serie quizá sea el retrato propio que hace de la Nueva York de las profesiones liberales. Ray y Jonathan provienen de esa Nueva York soñadora y bohemia, que busca abrirse camino para llegar a donde está George, que es la NY de clase alta, exitosa y con dineritos, pero a la vez bastante corporativa y algo podrida por dentro. Esto se ha hecho aún más patente en esta temporada, y la nueva dirección editorial de la revista de George por un lado, y el concurso del The New Yorker de Jonathan y Super Ray para Ray lo demuestran. Comentar también que en el plano visual, es raro ver a la Nueva York monumental en algún capítulo de esta serie, que se centra más en los barrios periféricos y/o residenciales que rara vez vemos en la tele.

Como véis, esta temporada de Bored To Death me ha gustado bastante, y me ha hecho reír bastante. Cierto, no al nivel de Modern Family, Comminity o Misfits, pero lo ha hecho. Con una tercera temporada confirmada, y visto lo visto, no puedo esperar otra cosa más que el despegue defintivo de esta serie tanto en calidad como en seguimiento.

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